Jesús y Jimena, no una historia de amor
Jesus Maldonado Perales escribía y
temblaba ligeramente: “Al Sr. inspector de policía, juez, fiscal o
personal sanitario que tengan
Mi cuerpo ante sí, perdón por las molestias” Consciente que la formulación era algo torpe, iba a romper el papel y comenzar de nuevo, cuando en seguida se dijo que ya estaba cayendo de nuevo en ese ciclo de indecisiones!. Acabaría por abandonar el proyecto!. No, no! Sigue! (se dijo) Jesusito, estos mínimos detalles de estilo son completamente irrelevantes en el contexto actual. A
pesar de lo monumental, de lo grave del momento se sonrió irónicamente a
sí mismo. Miró a su alrededor, intentando concentrarse, y
siguió: “Dejo
los bienes de la casa, muebles, y las joyas de mi difunta madre
(están Escondidas
en una servilleta bajo la losa suelta en el rincón norte de la
cocina) A
los huérfanos de San Basilio” El temblor seguía, lo cual no se había
esperado, y no era miedo, sino exaltación el
causante. Jesús
Maldonado pensaba suicidarse sedativamente con gases anestésicos. Siendo
enfermero Asistente
anestesista, había acaparado, escamoteando de su trabajo en la clínica
“San Gervasio”, todo un arsenal de distintas pócimas y botellas de gases,
como quien no hace nada y De
carrera, durante un prolongado periodo de tiempo para no causar sospechas
ante sus jefes. Pensaba
introducir un tubo en su boca con la mezcla gaseosa más óptima y
agradable, Aspirar
profundamente y dormirse, seguir aspirando ya inconsciente, hasta la
eternidad. Pero
no aún, primero tenía por resolver el asunto relacionado con Jimena Ruiz
Arias, antigua compañera en la escuela de enfermeros. Durante años había
esperado este momento. Había sido idea fija permanente y, en su
imaginación, tomado mil variaciones en su
ejecución. Jimena
era mona, sin ser hermosa, pero esbelta y con el culo peraltado. Nunca
acabó sus estudios, cambió a magisterio y vivía plácidamente con sus
padres, era hija única, en su cuarto en el Segundo
plano de una casa con jardín, a los veintiún años tenia muchos potenciales
pretendientes y alegría y entusiasmo en probar lo uno u otro. Jimena era
lista y de ambiciones profesionales moderadas, sin embargo tenía la
universal expectación de ser muy feliz en esta
vida. Jesús,
sin embargo ni era listo, ni tenía ilusiones de ser muy feliz, inclinado a
las depresiones, impopular como era en su trabajo (y, francamente, en
cualquier otro lugar del pueblo), ignorado por los vecinos, el único
alivio diario llegar a su sombrío piso y encerrarse en su cuarto. Allí
podía olvidarse de las injusticias de la vida y ver la TV, trabajar con
sus modelos de barcos veleros, escalpelo y pegamento, listas de madera de
balsa, pinturas en preciosos botecitos minúsculos, meticulosamente limpios
pincelitos de pelo de marta. Pero la angustia (era congénita o producida
por circunstancias?) se acumulaba con el tiempo incrementando, y cuando
sus pequeños Escapismos
solitarios no conseguían aliviarle más, se decidió a llevar a cabo su
minucioso plan con Jimena, iba a ser su última satisfacción en esta vida,
pero suficiente para impulsarle, darle valor a decidirle en chupar del
tubo soporífero.
Y
todo por qué? Hacia ya cuatro años atrás, en el segundo curso de sus
estudios para enfermeros, había escuchado, yendo a su
casa, De
pasadas y gracias a una curiosa combinación de brisa y ecos, un comentario
cruel de Jimena, refiriéndose a él:
Pobre
hombre, es repugnante, tan fofo..Os imagináis estar en la cama con él?
Las
chicas a su alrededor rieron, haciendo ascos, mirándole de
reojo. Animada
por el cómico efecto de su comentario, Jimena
añadió: Y quedar embarazada! Me suicidaría! Jesús
enrojeció, casi desmayado se alejó rápidamente, con su andar patudo y
jadeante dándoles la espalda para que no Vieran
que las había oído, mientras escuchaba las risas y gritos que las
muchachas daban A
su costa. La semilla que había sido enterrada en su cerebro (muy fértil ya
que pocas semillas habian sido plantadas anteriormente) comenzó en seguida
a germinar.
Era
viernes, el sol oculto ya, producía jirones amarillos en el horizonte (lo
cual auguraba viento al día siguiente, había leído en una novela de
piratas) y Jesús, sentado en Un
banco público del pequeño parque acechaba la entrada de la casa donde
luces, voces y Música
denunciaban la celebración de una fiesta juvenil, hecho común los viernes
y que
los Jóvenes
de la pequeña ciudad se turnaban en patrocinar. Seguía el temblequeo de
los dedos, ahora inducido quizá por el frío también. Y casi en seguida,
oculto por oscura sombras del parque, vio a Jimena, en compañía de una
amiga entrar en el portal de la casa. Las chicas vestían abrigos que
inmediatamente se quitaron en el umbral, dejando ver sus desnudos brazos,
escotes y piernas, todo enfundado en mínimos y ligeros vestidos de moda.
Otras parejas pasaron hacia La misma casa, y al descubrirle sentado, cerraban instintivamente sobre sí los abrigos y chaquetas como escondiendo su desnudez ante su mirada. Nada
de esto notaba Jesús, concentrado como estaba en su misión, en paliar los
temblores y esquivar pensamientos demasiado angustiantes que le atacaban
constantemente, amenazando colmar el límite de lo que soportaba, lo
que a veces le obligaba a
abandonar cualquier tarea, corriendo a esconderse en su
cuarto.
Su
ropa y apariencia física, pero más que nada, toda su presencia,
denunciaban de lejos lo ajeno que era en esta fiesta, sin embargo entró
decidido a través del umbral (qué podía pasar, se dijo), gente joven
hablando y riendo en grupos, música rítmica en alto volumen
le Permitieron
pasar casi inadvertido hasta que encontró una silla libre en medio del
jaleo reinante, se sentó y esperó evitando miradas. Le sorprendió ver a
Jimena, por lo diferente que estaba, tan arreglada y pintada,
verdaderamente atractiva, como la mayoría de los
participantes.
El
local era relativamente pequeño, y no tardó Jimena en observar a Jesús,
allí sentado, enrojecido y consciente de su mirada pero esquivándola. De
reojo, observó Jesús como Jimena reaccionaba ante su presencia y se
alejaba de él, dirigiéndose a un hombre que debía ser el patrocinador de
la reunión, hablado con él y discretamente señalándole. Jesús estaba
ya Satisfecho,
se levantó y, haciéndose paso entre los grupos bailantes y alegres se
apresuró a la salida, agradeciendo el aire frío de la noche. Lo peor había
pasado, la pequeña apariencia en el grupo, el resto era en solitario
(Soledad, Soledad, Patria mía! Exclamaba Zaratustra. Frase que se repetía
como letania varias veces al día)
No
hacía una noche de viento, y el abrigo que había traído de su cuarto
servia como alfombra sobre las hojas caídas en el jardín de la casa de
Jimena, y para cubrir la botella con su mezcla de gases anestésicos,
aplicada a un tubo bien ajustado a la boca del grifo metálico de la
botella. Sentado en la oscuridad no tuvo que esperar más que dos horas
para ver la luz en la ventana de la habitación de Jimena. Esperó sólo
media hora, en ese periodo el sueño es como más intenso, dicen. La
escalera yacía contra la fachada, sólo pudo usar un brazo para subir hasta
la ventana, ya que en el otro brazo sostenía la botella del gas con el
largo tubo colgando, como una
cuerda inerte sobre la grava del jardín. La ventana estaba cerrada,
pero bastó un ligero impulso para ascenderla unos centímetros necesarios
para introducir la boca del tubo Y
pasarlo lentamente hasta el borde de la cama donde Jimena, ya bastante
anestesiada por cuatro copas de vino, yacía boca arriba. El temblor
aumentaba en los dedos y manos de Jesús, Le
costó encontrar la llave para dar paso al gas, en la oscuridad, y un
silbido tenue denunció que el contenido estaba expandiéndose en el
interior del dormitorio y los pulmones de
Jimena, Pasando
en seguida a su sangre, y dos latidos después a su cerebro, bloqueando
toda consciencia, incluso el sueño desagradable que Jimena
tenia...
Había
ruidos de voces en el piso bajo, los padres de Jimena debían estar todavía
despiertos, Mirando
algún programa en la TV, y en las calles del barrio voces y tráfico, todo
ello servía Para
tranquilizar a Jesús ya que encubria sus cuidadosos movimientos. Cuando,
ya ventilada la habitación de los gases, entró y se
acercó A
la cama, ya no temblaba, ante sí otro cuerpo desnudo, anestesiado,
situación muy familiar para él.
Jimena
despertó dos horas más tarde, mareada y con náuseas. Le había sentado mal
el vino, No, algo en el bufé quizás. Se sentó en la cama, se levantó y fue a la ventana para abrirla y dejar pasar aire fresco. Pronto se durmió de nuevo, todavía con náuseas. No,
no! Exclamó Jesús en su habitación y rompió a tiras la carta, ahora se
abría una esperanza. Mañana iría A
comprar un nuevo paquete con la lancha a motor que anunciaban en la
publicación “Maquetas Y
modelos”, y nuevos pinceles de pelo de marta y un surtido de las mejores
pinturas y lacas. Su
último velero no estaba acabado, pero se había asqueado de él ya, no,
ahora había que comenzar de nuevo. Ocho
meses más tarde Jimena todavía sufría de las náuseas de su embarazo, o
producidas por La
desesperación de su total estupor...se había acostado con alguien en la
fiesta? Era imposible! Debía
ser alguna droga en su bebida...había leido acerca de ello...pero si a
penas había bebido! Sus
padres, muy católicos habían prohibido cualquier intento de aborto...”el
que la hace la paga” dijo su madre, desesperada y furiosa al mismo
tiempo...”Así que no tienes ni idea de cómo ha sido...Pues peor, qué
habrás tomado...Y en qué compañía...” Jimena
no podía pensar en otra cosa,
su avanzado embarazo lo llevaba como sonámbula, Pálida
y deprimida al límite, a pesar de los esfuerzos por animarla que
últimamente sus preocupados padres y amigos hacían por
ella. Jesús
la había visto pasar casi cada día por la calle donde vivía, desde su
oscuro cuarto, tras Las
cortinas , una enorme euforia había sentido al comprender que su semilla
crecía en ese cuerpo Tan
pálido y frágil.
Pero
aún quedaba el último paso, el fin de su nuevo plan, el impulso que le
había de ayudar a dejar para siempre sus angustias y sombras. Sacó el
papel donde tenia anotado el teléfono móvil de Jimena
y marcó. Al contestar Jimena: “Sí?” podía escuchar los ruidos de la calle
y el jadeo que hacia la chica al andar. Cuando
terminó de explicarle que él era el padre, que habían hecho el amor
durante la fiesta, ella lo había visto, no? No debia ser la primera vez
que lo hacia.No lo creía? Existe DNA para demostrarlo, pero a él no le
molesta, Sólo
quería que lo supiera, los hijos tienen derecho, no? Y no se preocupara,
él no diría nada. Bueno
adiós! Ella
no dijo ni una palabra más, ni cerró el
teléfono. Jesús
la veía de frente, unos metros debajo de su ventana y esperó a que el
alivio a su angustia se presentara. Pero no. Sólo
rabia Y
ganas de sentarse en una esquina del cuarto, cerradas las luces...no
llegaba alivio alguno. Esa
la misma noche, al regresar de su trabajo, Jesús se encerró en su cuarto,
sacó su lancha que nunca acababa de terminar y no sintió que la angustia
hubiera menguado, “he quemado mis barcos”, se dijo. Sacó un papel de su
cajón en el escritorio y empezó a escribir: “Al
Sr. inspector de policía, juez, fiscal o personal sanitario que tengan
Mi
cuerpo ante sí, perdón por las molestias”....... Antes de chupar del tubo, encendió una hoguera con sus barcos, todos apilados...pero con el fuego no verán la carta, se dijo, qué más da...Tomó aire y acercó su boca al tubo, abriendo la llave de la botella de gas. El
Fin
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